Hola. En la noche anterior no pude pegar ojo y en un rato que conseguí conciliarlo, de nuevo como cada noche desde aquel fatídico día en que fui atrapado, he vuelto a soñar con la libertad.
Pronto mi sueño fue interrumpido por el grito de tristeza y pesadumbre de mis otros compañeros de celda. Despertar de un esperanzador sueño para vivir una maldita realidad.
Aquí es imposible que haya silencio. Nunca uno acaba de acostumbrarse ni llevando a sus espaldas toda una vida de “huésped”. A mis vecinos de sector les pasa lo mismo. Pobres de aquellos que entren aquí por primera vez.
Gracias a mi potente vista puedo divisar más allá de las vallas, rejas, muros y barrotes a otros compañeros. Se les ve tristes, apagados. Repiten una y otra vez conductas innatas en ellos debido al estress, miedo y desubicación. Lástima que las alas que me otorgaron desde pequeño no me sirvan igual que mi vista para atravesar todas las barreras físicas y psicológicas pudiendo ir con ellos y contarles ese sueño de un segundo pero que casi me alegra toda una vida. Me gustaría contárselo y poder ver la felicidad en sus rostros, al menos en el tiempo que durase el sueño. Pero no puedo. No me dejan .Las barreras que nos separan son infranqueables para mis ya viejas, débiles y desacostumbradas alas.
Sí. Aquí estoy. Soy un águila de cabeza blanca americana; o eso me llaman todos aquí, la gente, el cartel delante de mi jaula… . ¿Mi historia? Ni la recuerdo. Solo tengo, a modo de rápidas diapositivas en mi memoria, imágenes de mi tierra, los bosques, la blanca e inmaculada nieve, el hermano viento y su manera de hinchar mis alas para remontar los cielos…no soy nada aquí.
Podría afirmar que soy el huésped más antiguo de este centro, el veterano de este lugar, el primer animal que trajeron…Una vez pasada esa puerta, cuando me metieron en este falso paraje, en esta simulación de vida, perdí toda mi historia.
Quiero contaros que me rindo. Ya no intentaré escapar, ya no intentaré picar las manos de esos “larguiruchos” de dos patas. Ya jamás me negaré hacer lo que ellos me obliguen, no volveré a abalanzarme con rabia, mi pico y uñas contra esa red que siendo ella tan fina, me separa tanto del mundo salvaje…me rindo, renuncio a todo intento de evasiva de esta prisión, me resigno a la esclavitud, desprecio la libertad. Reniego de la vida.
No pasa ni un momento en que no haya deseado haber nacido aquí, entre estos falsos árboles en los cuales nosotros solo vemos muros ya que su verde es casi…”como pintado con brocha gorda”. No son reales. Desear que lo primero que hubieran visto mis ojos sea esto, donde lo único que se huele y se oye es a nuestro peor enemigo, el humo negro y dañino de sus coches, sus voces y gritos…es muy triste. Pero así aunque sería hijo de la esclavitud no me habría convertido en una demente por un pasado, por una vida, un enfermo por anhelar mi verdadera casa, una perturbada por necesitar mi libertad. Es por ello que ahora solo creo que merece más vivir ignorante que morir conociendo que lo que uno vive no es real.
Poco me queda de estar aquí, al renunciar a todo pronto pereceré. Ya no volveré a observar a esas pequeñas criaturas que rebosan inocencia y felicidad que me señalaban con el dedo al otro lado del cristal. Solo unos pocos fueron los que preguntaron a sus mayores el porqué de estar nosotros ahí, encerrados y entre cuatro paredes. Y qué bonita es la inocencia, ¿verdad?
No sé si soy la última de mi especie. Pero y si lo fuera, ¿qué debo yo para estar toda una vida aquí encerrada? He visto caer a manos de grandes máquinas, a manos del ser humano, más de 100 troncos de árboles con más años que tu y yo juntos…y por eso sucumbieron, además de mis hermanos, otros animales de diferentes especies. Todo aquello lo estoy pagando yo ahora con la idea de preservar mi especie. Se ve que antes no se acordaban de la desaparición de la flora y la fauna. Tan poco por un lado y tanto por otro. Y en medio de todo esta balanza erróneamente dispuesta estamos nosotros, estoy yo.
Me despido no sin antes comentar algo, una simple idea, que estaba en mi mente y de la misma manera que me ha mantenido con vida hasta ahora, es el motivo por el cual renuncio a ella:
“…y tener alas y no poder volar.”

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